EDITORIAL

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad invisible en mujeres: entre el enmascaramiento y la evidencia científica
February 6, 2026
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Una historia que se repite:

En los últimos años, ha crecido el interés por comprender cómo el trastorno por déficit de atención e hiperactividad se manifiesta en mujeres. Durante décadas, la mayor parte de los estudios se centraron en muestras masculinas, lo que contribuyó a una notable invisibilidad diagnóstica femenina.

Laura tiene 38 años. Siempre fue responsable, perfeccionista y exigente consigo misma. En el colegio la recordaban como “distraída, pero buena alumna”. En el trabajo, sus jefes dicen que “rinde bien, pero le falta organización”. Lo que nadie ve es su sensación constante de saturación mental, de vivir apagando fuegos, ese ruido mental y esa ansiedad flotante que siempre camina con ella. Su diagnóstico llegó hace apenas un año: trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Durante décadas, este trastorno se ha descrito como un cuadro propio de niños inquietos, impulsivos y con mal comportamiento. Pero la realidad es más amplia y compleja. Muchas mujeres lo viven en silencio, con síntomas que no se ajustan a ese modelo y que durante años se han confundido con ansiedad, estrés o depresión.

Lo que sabemos hoy:

La investigación de los últimos años muestra un patrón claro: las mujeres con TDAH tienden a presentar más inatención, desorganización, rumiación y sobreesfuerzo interno, y menos conductas hiperactivas o impulsivas1 .  Esto hace que pasen desapercibidas en la infancia, y que muchas no reciban diagnóstico hasta la edad adulta, cuando las demandas laborales o familiares superan su capacidad de compensar.

Una revisión reciente analizó más de 13000 casos y encontró que las mujeres con este cuadro tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar trastorno por estrés postraumático y una relación más marcada con trastornos de la conducta alimentaria y ansiedad2 .

Otro estudio en población con neurodesarrollo atípico, con más de 25000 participantes, mostró que la interacción entre sexo y comorbilidad (TDAH + ansiedad o autismo) altera la expresión clínica y contribuye al infradiagnóstico en niñas3.

En resumen: las mujeres con TDAH existen, pero se ven menos. Y cuando se las detecta, suelen arrastrar años de sobrecarga emocional, perfeccionismo y agotamiento.

Lo que la biología empieza a explicar:

Los hallazgos más recientes sugieren que estas diferencias no son solo culturales. Existen mecanismos biológicos que podrían modular la forma en que se manifiesta el trastorno y cómo se responde al tratamiento.

Estudios de neuroimagen y modelos animales han mostrado que las mujeres presentan una mayor sensibilidad del sistema de estrés y modulaciones en los receptores dopaminérgicos, los mismos implicados en la atención, la motivación y la respuesta a los fármacos estimulantes4  .

Además, las hormonas sexuales, especialmente los estrógenos y la alopregnanolona, parecen influir en los circuitos de atención y en la tolerancia a la medicación. Por eso, algunas mujeres notan variaciones en la concentración o en los efectos de los tratamientos según el momento del ciclo menstrual o la menopausia5 .

Aunque todavía no hay estudios clínicos amplios que permitan ajustar dosis o elegir tratamientos en función del sexo, la hipótesis es prometedora: el cuerpo femenino podría procesar de forma diferente la atención, el estrés y la medicación.

Lo que aún no sabemos:

Los ensayos clínicos siguen arrastrando un problema estructural: la mayoría de las muestras son masculinas. La revisión sistemática más reciente6  revisó 63 ensayos con estimulantes y encontró que menos del 15 % de los participantes eran mujeres. Esto significa que los tratamientos actuales se diseñan y validan principalmente en hombres, y que extrapolamos sus resultados al resto de la población. Tampoco se incluyen de forma sistemática variables como edad hormonal, uso de anticonceptivos, embarazo o menopausia, pese a que todas pueden modificar la farmacocinética y la respuesta clínica.
La consecuencia es una gran laguna de conocimiento: sabemos que hay diferencias, pero no cuán relevantes son ni cómo deberían influir en las decisiones terapéuticas.

Lo que sí podemos hacer mientras tanto:

Aunque la ciencia siga avanzando, hay medidas que ya podemos aplicar desde la práctica clínica y desde la sociedad.

  • Cambiar el modelo, incluir la perspectiva de género. Si pensamos solo en el niño hiperactivo, dejaremos fuera a muchas niñas y mujeres con síntomas internalizados o sutiles. Además de los síntomas típicos, debemos considerar la rumiación, el perfeccionismo y la autoevaluación negativa.
  • Mirar más allá de la conducta y explorar la comorbilidad emocional. En las mujeres, la inatención puede confundirse con desmotivación y la impulsividad con “inestabilidad emocional”. Escuchar la historia completa y valorar la trayectoria vital es clave. Tambien es prudente considerar la edad, el estado hormonal (menarquia, embarazo, menopausia), la comorbilidad con ansiedad/depresión y la posible sensibilidad al estrés como variables que pueden influir en la respuesta a los tratamientos. Las mujeres con TDAH tienen mayor riesgo de ansiedad, depresión y estrés postraumático. Si no se abordan de forma conjunta, el tratamiento del TDAH será parcial.
  • Individualizar el tratamiento. Aunque la evidencia no justifique dosis distintas de fármacos por sexo, conviene adaptar la intervención a la edad, la carga emocional y el momento hormonal. El enfoque multimodal, con fármacos, psicoeducación, terapia y acompañamiento con estrategias de organización,1 sigue siendo el más eficaz.
  • Promover investigación con perspectiva de género. Los próximos estudios deberían incluir muestras equilibradas, análisis por sexo y seguimiento longitudinal. No se trata de dividir, sino de comprender mejor. Es necesario visibilizar que muchas mujeres con TDAH han llegado tarde al diagnóstico, que los ensayos han sido masculino-centrados y que se necesitan estudios con muestras suficientes de mujeres, análisis por sexo, variables hormonales y medidas de respuesta a largo plazo.

Conclusión: lo que no se ve también cuenta

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad en mujeres no es un nuevo diagnóstico, sino un viejo conocido al que apenas ahora se le empieza a prestar atención.
La clínica lleva años observando patrones distintos; la ciencia empieza a explicarlos. Falta que el sistema sanitario y la sociedad los reconozcan. El TDAH ha sido poco mirado, poco comprendido y poco investigado en su específica manifestación femenina. La ciencia ya ofrece pistas (fenotípicas, neurobiológicas, clínicas); lo que falta es traducirlas a la práctica. Mientras tanto, profesionales, familias y mujeres adultas pueden empezar a actuar. Detectar el TDAH en mujeres no es solo una cuestión de equidad diagnóstica, sino de prevención: detrás de cada diagnóstico tardío suele haber años de incomprensión, culpa y ansiedad acumulada. Nombrarlo a tiempo cambia trayectorias vitales, no solo síntomas. Quizás esa sea la lección más importante: comprender lo que no se ve también es cuidar la salud mental.

Referencias
  1. Attoe, D. E., & Climie, E. A. (2023). Miss. Diagnosis: A Systematic Review of ADHD in Adult Women. Journal of attention disorders, 27(7), 645–657.
  2. El Archi, S., Cortese, S., Ballon, N., Réveillère, C., De Luca, A., Barrault, S., & Brunault, P. (2020). Negative Affectivity and Emotion Dysregulation as Mediators between ADHD and Disordered Eating: A Systematic Review. Nutrients12(11), 3292.
  3. Wodka EL, Parish-Morris J, Annett RD, Carpenter L, Dillon E, Michaelson J, Kim SH, Landa R; SPARK Consortium; Kanne S. Co-occurring attention-deficit/hyperactivity disorder and anxiety disorders differentially affect males and females with autism. Clin Neuropsychol. 2022 Jul;36(5):1069-1093. doi: 10.1080/13854046.2021.1942554. Epub 2021 Jul 27. PMID: 34315336; PMCID: PMC9181886.
  4. Williams, O. O. F., Coppolino, M., George, S. R., & Perreault, M. L. (2021). Sex Differences in Dopamine Receptors and Relevance to Neuropsychiatric Disorders. Brain sciences11(9), 1199. https://doi.org/10.3390/brainsci11091199
  5. Bangasser, D. A., Eck, S. R., & Ordoñes Sanchez, E. (2019). Sex differences in stress reactivity in arousal and attention systems. Neuropsychopharmacology : official publication of the American College of Neuropsychopharmacology44(1), 129–139. https://doi.org/10.1038/s41386-018-0137-2
  6. Parlatini, V., Bellato, A., Roy, S., Murphy, D., & Cortese, S. (2024). Association Between Single-Dose and Longer Term Clinical Response to Stimulants in Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: A Systematic Review of Randomized Controlled Trials. Journal of child and adolescent psychopharmacology34(8), 337–345. https://doi.org/10.1089/cap.2024.0038
February 6, 2026

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